Alimentos para pensar
Por James Wilson
Si le preguntamos a Raúl Collazos acerca de los frutos de Maestra Vida, su experiencia pionera de educación en las aldeas de El Tambo, nos dirá que uno de sus mayores éxitos es precisamente eso: los deliciosos frutos cultivados por los niños en edad escolar y sus familias en un rincón empobrecido del suroeste de Colombia.
Sus huertas y frutales, sembrados con la ayuda de los profesores de Maestra Vida, son pruebas del radicalmente distinto acercamiento del grupo hacia la educación. El proceso educativo practicado tradicionalmente en las aulas ha sido sustituido aquí con una amplia experiencia que invita a las recompensas y la cooperación entre los padres, los maestros y los niños —y beneficia a toda la comunidad.
“La escuela no son sólo cuatro paredes", dice Esperanza Montaño, una supervisora de la educación en Colombia y desde hace mucho tiempo colega de Collazos. “La escuela es la vida. No se puede hablar de una relación entre la escuela y la comunidad, porque la escuela es la comunidad”.
Este nuevo enfoque de la educación es fomentar el respeto entre las generaciones y fomentar el conocimiento a través de proyectos que involucren a todos los miembros de la familia: proyectos como el cultivo de huertos para llenar los estómagos y las mentes y mejorar la calidad de vida en las comunidades pobres del Cauca, provincia natal de Collazos, que alberga a la mayor cantidad de población indígena de Colombia.
Como profesor, Collazos se sentía frustrado ante la estricta jerarquía del sistema educativo de Cauca. A su juicio, poner un pie frente a un aula y enseñar un rígido programa de estudios hacía fracasar el reflejo o valor de las vidas y experiencias de los habitantes locales. Entonces quiso crear un intercambio de ideas y soluciones entre los padres, los niños y los profesores más fluido, utilizando un enfoque que tomara el aprendizaje más allá de las aulas.
Maestra Vida, la organización de Collazos, fue fundada en 1992 en colaboración con los profesores que trataban de cambiar fundamentalmente el sistema educativo de Colombia. Una innovadora idea fue fomentar el aprendizaje en torno a lo que él llama “bio-huertos”, donde las comunidades podían cultivar frutas y hortalizas.
Las huertas ya están demostrando que la producción local puede promover dietas más saludables, y al mismo tiempo, mejorar la economía local. Asimismo, se han enriquecido las relaciones entre padres e hijos. El simple acto de jardinería para incrementar la autosuficiencia y la variedad de la producción de alimentos ayuda también a una mejor nutrición de los niños y enseña a los padres a ser más conscientes de las necesidades de sus hijos.
Maestra Vida está tan entusiasmada con la mejora de la dieta local que creó talleres culinarios para profesores y padres sobre cómo preparar los alimentos e incluso contrató a un experto en nutrición y cocina para dar clases y talleres.
Llevar adelante Maestra Vida no siempre ha sido fácil. La escuela está construida sobre las arenas movedizas del largo y brutal conflicto armado de Colombia, alimentado por el tráfico de drogas. Las poblaciones locales sufren cuando grupos guerrilleros y paramilitares y escuadrones de batalla luchan por el control del territorio del Cauca.
Cauca, es una de las provincias más conflictivas de Colombia, pero Collazos y sus compañeros se abocan con los maestros a su tarea, convencidos de que el desarrollo de la educación es necesario para seguir adelante con otros avances.
“Si queremos desarrollar la comunidad, entonces la educación es estratégica”, dice Collazos.
Según Jorge Velásquez, director de la sede colombiana del Christian Children's Fund, que ha apoyado a Collazos durante varios años, Maestra Vida demuestra cómo un programa que se inicia como un proyecto educativo puede encontrar la manera de resolver otros problemas. “No es un profesor que intenta mostrar que es la fuente de todo conocimiento. El conocimiento se construye junto a los niños”.

