Alzando una fuerza de voluntarios

Por Freda Wolf de Romero

En Perú, donde la mitad de la población vive debajo de la línea de pobreza, siempre habrá trabajo para voluntarios con ganas de ayudar. El desafío es encontrarlos, conectarlos con las causas que les interesan y organizar esos esfuerzos para lograr un impacto.

Los peruanos nunca han sido extraños en lo que se refiere a ayudar a los otros: uno de cada tres hace algún tipo de trabajo voluntario durante el año (en oposición al 26% de los Estados Unidos). Hasta hace poco tiempo, muchos ni siquiera se habían pensado como “voluntarios”. La tradición indica que el voluntariado proviene de las mujeres de la clase alta de la sociedad, quienes trabajan a través de su iglesia en una sola punta del espectro, y de los habitantes rurales, cuya supervivencia regularmente depende de la cooperación mutua del otro.

Pero en el medio queda una gran franja de gente. Por eso, Jaime Ulloa, experto en marketing social, vio que Internet podría ser una herramienta perfecta para ayudar a organizar a escala a este grupo y así poder hacer una verdadera diferencia en su país. En 2001 decidió abandonar su trabajo corporativo y comenzar la primera organización nacional de servicios.

Junto a cuatro amigos con experiencia en ingeniería y administración, Ulloa fundó Trabajo Voluntario, un website que opera como una especie de centro de comando para actividades de voluntariado. El sitio recluta voluntarios y luego los dirige a grupos de ciudadanos que necesitan ayuda. “La gente disfruta haciendo trabajos voluntarios”, dice Ulloa. “Vivimos en un país con muchísimos problemas y el voluntariado nos hace sentir parte de la tan anhelada solución”.

El sitio fue un éxito inmediato. Durante su primera semana, se registraron 500 suscriptores y tres años más tarde, el número había crecido a más de 18.000 —de los cuales 7.000 eran voluntarios activos. A parte de ofrecer oportunidades de entrenamiento, el sitio dio visibilidad a proyectos de voluntariado y dio al acto de hacer voluntariado — algo en que ahora la gente se puede suscribir en un café de Internet— una necesaria inyección de calma

Después de elevar la categoría de los trabajos voluntarios, Ulloa también buscó aumentar los números volviéndose a las corporaciones. En Perú, las grandes empresas emplean a los que poseen una buena educación. Estas compañías descubrieron que el voluntariado ayudaba a levantar la moral de sus empleados y les daba un sentido de propósito mayor que los objetivos comerciales solos. Al mismo tiempo, también ofreció una excelente forma de que las clases sociales se mezclaran en el trabajo y de que los ejecutivos salieran de sus oficinas hacia el mundo exterior. Un bonus: los programas de voluntarios ayudaron a promover una imagen corporativa y percepción pública positivas.

Mientras el voluntariado probó ser bueno para la cultura corporativa, Trabajo Voluntario también encontró la manera de que esta cultura pudiera alimentarse de las organizaciones de voluntarios. Grupos cívicos pudieron aprender algo de la estrategia corporativa de administración sobre cómo optimizar sus recursos de voluntarios. “Nos dimos cuenta enseguida de que a los programas de voluntarios no les faltaba la gente necesaria para lograr impacto social, sino las destrezas de administración que una organización sin fines de lucro necesita para hacer un uso efectivo de los voluntarios”.

Por eso, el grupo comenzó a llevar estrategia corporativa a los líderes sin ánimos de lucro a través de panfletos y talleres de capacitación, enseñándoles cómo ambos sectores podían asociarse para dejar una marca más grande.

Ulloa dice, mirando al futuro, que Trabajo Voluntario quiere establecer centros en cada ciudad del país y moverse más allá solo para buscar más y más voluntarios para promover una cultura de responsabilidad social entre los peruanos.