Changemakers.com está desarrollando un cambio de imagen y estamos en el proceso de traducir la página web. Algunas de las funciones de la nueva plataforma sólo están disponibles en inglés en este momento. Le pedimos paciencia mientras actualizamos el resto del sitio para satisfacer mejor sus necesidades. Gracias!

Combatiendo a los piratas de la tierra: salvar los conocimientos de la selva

¿Alguna vez te preguntaste cómo un remedio a base de hierbas, como la uña de gato, había llegado a tu tienda naturista? Es posible que no te sorprenda saber que viene de la selva. La uña de gato fue “descubierta” por un visitante alemán al Amazonas peruano que fue atendido por una mordedura de serpiente por un chamán con una larga tradición en sanación.

Cuando el hombre preguntó cuál era el remedio, el chamán le mostró una vid del bosque, Uncaria Tomentosa, y le explicó sus múltiples usos dentro de la comunidad de los Ashanika. No mucho después, un laboratorio austríaco comenzó a comercializar la uña de gato como un antiinflamatorio natural.

En el Amazonas peruano, los pueblos indígenas se consideran a sí mismos guardianes de la selva, no sólo de las plantas mismas, sino del conocimiento sobre ellas y sus usos. Los chamanes indígenas han transmitido sus intrincados conocimientos sobre curas de origen vegetal por cientos, si no miles de años. Las familias indígenas han cultivado una compleja selección de sus propias plantas para propósitos medicinales, culinarios y de otro tipo.

Hoy en día los conocimientos tradicionales acerca de las plantas se ven amenazados desde muchas direcciones. Las plantas son objeto de ataques mientras los leñadores, mineros y hacendados abren franjas de bosques. En las zonas donde las carreteras han acercado el comercio ha habido una disminución de la dependencia por parte de los lugareños de las plantas tradicionales en favor de remedios “modernos” comprados en tiendas.

Por último, existe la compleja cuestión de la bio-prospección: la extracción de plantas forestales para productos comercializables por etno-botánicos y compañías farmacéuticas. Como en el caso de la uña de gato, estos esfuerzos a menudo se basan en el conocimiento indígena tradicional pero rara vez pagan por él.

“No hay producto indígena que haya entrado al mercado bajo un control indígena”, dice Pedro García. García, un defensor de los derechos de la tierra y el patrimonio cultural de los pueblos indígenas del Perú, quiere preservar los conocimientos tradicionales al tiempo de que se protejan de lo que él llama el “bio-piratería”.

En 1995, García fundó una pequeña organización sin fines de lucro llamada Racimos de Ungurahui. El nombre hace referencia a una selva de palmeras, cuyas semillas proporcionan aceite, así como un té para el tratamiento de dolores de cabeza y cuyos troncos producen palmitos y albergan el sabroso gusano “zuri” utilizado para cocinar. El grupo lleva a cabo talleres que entrenan a los indígenas para negociar con las personas de afuera, en nombre de su propio territorio y tradiciones.

Durante uno de estos talleres en San Lorenzo, Perú, mujeres nativas se acercaron con una iniciativa para preservar sus conocimientos tribales acerca de las plantas al mismo tiempo que contribuía a su protección. El plan, llamado “Mi chacra”, revitaliza una tradición de huertos familiares que cultivan hasta 750 especies de plantas en parcelas de media hectárea.

Entre ellas se incluyen medicinas, tales como las semillas del arbusto Piri-piri, utilizado para controlar la fecundidad, y alimentos, tales como 72 especies de yuca que producen innumerables mandiocas, harinas y almidones.

Al tiempo que las mujeres reactivaron estas huertas, comenzaron a enorgullecerse de sus conocimientos y a ver su valor. “Hay que hacerle ver a la gente que no es pobre, que tiene algo qué aportar”, dice García, señalando que las mujeres han comenzado a verse nuevamente como “súper-agricultoras”, capaces de describir diferentes variedades de una planta y sus múltiples usos.

La certificación de las plantas es reconocida internacionalmente como una forma de patente y García la considera una herramienta importante. Él espera que este tipo de hogares agrícolas pueda conciliar la práctica cultural tradicional con la noción del mundo occidental sobre la protección de los derechos de propiedad intelectual.

A través del proyecto “Mi chacra”, los Aguaruna, los Ashanika y otras tribus pueden ser capaces de fortalecer los conocimientos culturales, mientras ellos empiezan a controlar los productos indígenas que provienen de ese conocimiento.

Opinión el periodista: la Bio-prospección es un asunto complejo. Por ley el estado peruano es dueño de todos los recursos- árboles, aceites minerales- arriba y debajo de su suelo. Es más, los acuerdos de comercio globales respetan el control exclusivo de la propiedad intelectual mediante acuerdos sobre patentes y regalías. Esta clase de control es ajeno a tribus que solo piensan en términos colectivos.