Granja Andar: Cómo cambiar la visión sobre personas discapacitadas

“Trabajar me permite ser independiente: ya no tengo que pedirle plata a nadie si me quiero comprar algo o salir con mis amigos”, dice orgullosa Emilia. Desde que empezó a trabajar como panadera en Pan de Esperanza su vida cambió por completo: ahora, esta chica ciega de 25 años -que vive en una de las zonas más pobre de Moreno, Buenos Aires, Argentina- no depende del ingreso de su familia para afrontar sus gastos. Y, además de un salario, su trabajo de todos los días la ayuda a ganar cada vez más autoestima y confianza en sí misma.

 

“Gracias a Ashoka le perdimos el miedo a la idea de que una ONG genere valor económico”, asegura Raúl Lucero, fellow de Ashoka desde 2006 y fundador de la Granja Andar, recientemente elegida entre los 14 ganadores de la Feria del Desarrollo de América Latina y el Caribe 2010 impulsada por el Banco Mundial, el BID y la OEA en Bogotá, Colombia.

El dinero, en este caso, cumple un papel simbólico decisivo para el desarrollo personal de los trabajadores de la Granja Andar: permite romper con el paradigma tradicional, porque a diferencia de muchas viejas experiencias educativas, no ubica a las personas con discapacidad en un rol pasivo. En cambio, pone en sus manos la posibilidad de convertirse en seres autónomos, independientes y, como dice Raúl, “emprendedores de sus vidas”.  

“Aquí el salario es la medida de dignificar la relación que existe entre el negocio social y la persona, y la habilita para tomar decisiones que antes -cuando sólo recibía una pensión del Estado que era administrada por su familia- no estaban a su alcance”.

Entre esas palabras que al principio les costó incorporar, “calidad del servicio” y “reglas del mercado” son algunas de las que hay rigen la actividad de la granja. Claramente, no se trata de un afán de enriquecimiento de sus miembros sino de una decisión ideológica. El horizonte es que los “muchachos y las muchachas”, como los llama Raúl, sean reconocidos por sus capacidades y no por sus limitaciones.

Raúl da toma una anécdota como ejemplo. En la Navidad pasada los jóvenes se encargaron de la producción y el servicio del catering en una feria de tres días. “Lo primero que hicieron los invitados fue reconocer la calidad del alimento que le habíamos ofrecido, y aunque al principio la relación fue distante, al momento del cierre habían establecido una relación de mucha confianza con los muchachos- recuerda. Pero aclara- Nada de eso habría ocurrido si ese producto no hubiese estado a la altura de lo que se requería, porque los feriantes habrían subestimado tanto al trabajo como a las personas que lo hicieron. Por eso creemos que sólo una vez que se satisfizo la necesidad alimentaria pueden aflorar las necesidades relacionales. Y ahí se genera el valor que buscamos”.

Raúl está convencido de que el objetivo de estimular la autonomía y la concepción ciudadana en los trabajadores –ya no “beneficiarios”, como se los suele llamar- sólo es posible mediante la generación de valor económico, valor social y valor ambiental. “Si alguno de estos tres pilares se vulnera, la organización pierde sentido”, asegura.

Entre los proyectos que más lo entusiasman se encuentra la lucha por un proyecto de ley que, llegado el momento, habilita a los participantes a jubilarse por sus años de trabajo y no por su discapacidad. Y al hablar del futuro económico de la Granja Andar, Raúl adelanta la expansión de las áreas de panadería y catering y el desarrollo una nueva línea de envasado de verduras orgánicas, y deja en claro ya no le rehúyen al mundo de los negocios “porque entendimos que si nos empobrecemos terminamos siendo reflejo de la sociedad que queremos cambiar”.

 

 

 

 

 

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Website:  www.granjaandar.org.ar/front/

 

 

 

 

El proyecto que les valió la elección entre 530 iniciativas de toda la región es el Servicio de Catering y Panadería Pan de Esperanza, en el que 60 jóvenes y adultos con discapacidad -que viven en un contexto de pobreza en el partido bonaerense de Moreno, Argentina- trabajan a diario produciendo alimentos, brindando servicios y formándose permanentemente en talleres que abarcan tanto la capacitación laboral como el arte, el deporte y los derechos humanos.

“Para nosotros hay un antes y un después de Ashoka, porque nos dio herramientas para  hacer más foco en las propuestas y en la proyección a futuro de la organización- cuenta Raúl, y dice que ese impulso los llevó a poner en marcha la planificación estratégica de la Granja Andar hasta el año 2015-. Cuando empezamos a participar de Moviliza nos costaba muchísimo usar términos como ‘plan de negocios’ o ‘generación de riqueza’, pero hoy sabemos que de la efectividad en esas áreas depende el salario de los muchachos”.