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Haciendo una diferencia al compás del tambor: el afro reggae como una herramienta contra la violencia

El Grupo Cultural Afro Reggae compone bella música estridente para llamar la atención para su causa, pero la violencia que tiene lugar en las favelas de Río todavía es un tema endémico. ¿Puede el arte ser verdaderamente una herramienta para el cambio?

En Brasil, país sinónimo de samba, sol y Carnaval, los jóvenes están utilizando la música —una de las mayores fortalezas del país— para combatir una de las  mayores deficiencias de su país.Los jóvenes músicos forman parte del Grupo cultural Afro reggae, un grupo que empodera a los niños de las favelas de  Río de Janeiro (barrios marginales) a través de talleres de música y danza. Estos talleres son llevados a cabo por una banda de cuarenta artistas estables, cuyos espectáculos derrumban estereotipos con una combinación contagiosa de percusión, danza, actos circenses y rap.

“Llamamos la atención de la gente con nuestra música”, explicó Anderson Sá, 19, artista, intérprete y líder con los jóvenes afro reggae. “Entonces empiezan a hacer preguntas. Quieren aprender más sobre nosotros y de dónde somos”.

Anderson y sus colegas músicos son de Vigário Geral, una favela en el extremo norte de Río de Janeiro, famosa por su intenso comercio de drogas y por la masacre dirigida por la policía que en 1993  dejó 21 residentes  muertos. La violencia, una presencia diaria en las de más de 500 favelas de Río, es la principal causa de muerte de los jóvenes brasileños. A través de la música, Afro reggae  mantiene vivos a los jóvenes.

Antes de la masacre, José Pereira (conocido como Júnior), taxista de 25 años de edad, estaba organizando fiestas de reggae en el centro de la ciudad y la publicación de un periódico mensual, Noticias Afro Reggae, con tres de sus amigos. Ninguno había estado en Vigário Geral, pero todos habían crecido en barrios duros y estaban buscando una manera de llevar su trabajo a las favelas.

Cuando ocurrió la masacre, supieron por dónde empezar. Encontraron a dos profesores voluntarios y comenzaron a ofrecer clases de danza afro-brasileña y de batería en un pequeño patio en la favela.

Hoy en día, el grupo trabaja en un nuevo centro cultural que ofrece todo tipo de clases, desde flamenco y baile de salón hasta salud pública y ciudadanía. La capacidad de Afro Reggae de utilizar la estimulación cultural en los jóvenes para llevarlos lejos del tráfico de drogas y a comunicarse con la sociedad ha captado la atención de fundaciones nacionales e internacionales,  gobiernos,  medios de comunicación e incluso de Hollywood.

Megan Mylan, un periodista y  ganadora del Premio de la Academia por el documental Smile Pinki en 2009, exploró el poder de los tambores afro-brasileños como una forma de protesta en Batidania: Power in the Beat, un documental terminado en 1999 que siguió a la labor del mismo grupo de artistas. En 2005, el increíble trabajo de Grupo Cultural Afro Reggae con los niños de Río inspiró a los  directores Jeff Zimbalist y Matt Mochary a crear Favela Rising, un galardonado documental que detalla la labor del grupo y celebra sus triunfos.

El grupo utiliza los espectáculos  de la banda y la atención de los medios para cambiar los estereotipos. Según Júnior, “la música es una forma de comunicar la realidad de las favelas con el resto de la sociedad. Sólo una pequeña fracción de la población participa directamente (en el tráfico de drogas), pero todo el mundo la sufre”.

Un tercio de las cerca 6 millones de personas que viven en Río, lo hacen en favelas. Además, Brasil tiene una de las más amplias brechas entre ricos y pobres. Las mafias armadas de las drogas se hicieron cargo de las favelas en la década de 1980, y han adquirido confianza y se han afianzado mediante el suministro de servicios que el Estado no ha proporcionado, como los sistemas de alcantarillado, caminos y campos de fútbol. Los niños y las niñas son reclutados como contadores, corredores y miradores, mientras que los traficantes y la policía regular chocan. Según la organización Human Rights Watch, un promedio de cuatro muertes civiles cada día tuvo lugar de enero a junio de 2008.

Afro Reggae está decidido a utilizar sus conciertos como vehículo de protesta, desafiando la aceptación de la idea de que la pérdida de los adolescentes en manos de  la violencia es algo común. Si bien el sistema jurídico resulta lento, Afro Reggae está construyendo un ejército politizado de artistas que está enviando un claro mensaje a la sociedad brasileña: esperar más para su futuro.