Un hogar construido con amor
Todo niño merece una infancia segura y por ello, en Tailandia, existe una organización que está trabajando para hacer de esto una realidad. La Fundación para la Protección del Niño (Child Protection Foundation), creada en 1993 por el pionero en derechos del niño, Montri Sinthawichai, es la primera organización comunitaria tailandesa en proteger a niños maltratados y en ayudar a enfrentar a sus familias, incluidos los padres abusadores, las causas del abuso.

Montri comenzó a investigar sobre abuso infantil después de haber recibido su diploma en Educación y de haber trabajado como maestro en una exclusiva escuela privada cerca de asentamientos temporarios para trabajadores itinerantes de la construcción. Fue aquí donde observó el terrible abandono y abuso entre los hijos de los trabajadores. Mientras los progenitores luchaban por mantener dos o tres trabajos, los niños quedaban solos y, por tanto, expuestos al abuso sexual y las drogas.
“Pude ver la diferencia entre los niños ricos y los pobres porque la escuela en la que enseñaba era una escuela para niños ricos”, dijo Montri. “Fue por eso que decidí formar un grupo, junto a mis antiguos compañeros de curso, para trabajar y acercarme a chicos abusados que habían escapado de sus hogares y así salir a pasear por algún parque público”.
Este acto de compasión llevó a Montri a abogar por derechos del niño. Fue así como rescató a chicas y chicos abandonados de burdeles y de abusadores y organizó una campaña de prensa a nivel nacional para concientizar a la gente y desafiar tabúes culturales. En marzo de 2000 Montri fue elegido senador, hecho que le otorgó mayor influencia y visibilidad.


Ahora la Fundación para la Protección del Niño opera desde una casa de tres pisos en Bangkok en donde Montri vive junto a su esposa y su hijo de 11 años. Allí Montri cumple un papel paternal para alrededor de 100 niños que buscan refugio y ayuda. El personal y los voluntarios que trabajan ahí crean un ambiente cálido y seguro que hace sentir a los chicos como si estuvieran dentro de una familia, en donde adultos y niños conviven y comparten tareas.

Ciudadanos preocupados, funcionarios públicos y líderes comunitarios también se están uniendo a la causa a través de la construcción de una red donde sus miembros están preparados para responder a casos individuales de niños en problemas. Incluso Monti ha establecido un programa de entrenamiento para oficiales de policía para que puedan llevar adelante casos de abuso infantil extraordinarios. Por otra parte, también ha convencido al gobierno para que cree una agencia espacial que instale una línea telefónica y una casilla de correo para reportar casos de abuso infantil.
A pesar de que la explotación sexual infantil a menudo permanece sin castigo debido a intimidaciones y estigmas sociales que asustan y silencian a las víctimas, Montri dice que se siente gratificado al ver cómo los legisladores tailandeses responden a la presión para reformar el apoyo y tratamiento del problema y el cumplimiento de las leyes. En un reportaje reciente Montri dijo que, si bien el problema seguía siendo muy serio, la sociedad tailandesa era más conciente de él.
El trabajo de Montri está teniendo un gran impacto en la vida de los niños en Tailandia. Hoy hay cerca de 60 chicos de entre 3 y 16 años viven en el hogar y cerca 50 bajo el cuidado de la Fundación en internados. Alrededor del 70% de los chicos se recuperan y regresan con sus familias, mientras varios han comenzado sus propios negocios o siguieron con buenos trabajos. Con el tiempo algunos hacen donaciones y trabajan como voluntarios durante los fines de semana y los días festivos. La mitad de los 10 miembros del personal son antiguos residentes del hogar.
“Frecuentemente mis amigos y pares me preguntan si no siento la presión, si no estoy nervioso cuando trabajo con chicos abusados. Debo admitir que por momentos es estresante y doloroso encontrar este tipo de situaciones, pero cuando vives con niños, sientes que son encantadores y ese encanto te hace feliz”.

