Ser líder para el cambio
Promover el liderazgo de la mujer. Que su opinión esté presente en la toma de decisiones. Establecer políticas laborales que contemplen sus necesidades. Lograr conciencia de género. De ésto –y más– se ocupa Voces Vitales de Argentina.
“La voz de la mujer es vital porque abre caminos hacia el cambio social y ayuda a mejorar el mundo. Por eso nuestra misión es empoderar a mujeres líderes emergentes para que desarrollen su potencial y tengan un espacio para ser escuchadas”, resume María Gabriela Hoch, presidenta y cofundadora de Voces Vitales de Argentina.
Una de las herramientas para materializar este empoderamiento es un programa de mentoreo a través del cual se unen mujeres jóvenes con potencial de liderazgo con mujeres ya establecidas que poseen una amplia experiencia y trayectoria. El objetivo es que las jóvenes se capaciten mediante una experiencia de vida real, accedan a una gran red de contactos y se les abran oportunidades de desarrollo.
“Había una gran necesidad de tener un espacio de este estilo porque la mujer corporativa está muy enfocada al logro en lo empresario y no tiene dónde desarrollar el lado humano”, explica Daniela Martin, de la Dirección de Gestión de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, entidad con la que se realiza el programa. “Aquí puede compartir sus problemáticas laborales y personales, generando un gran impacto, ya que las mentoras se dan cuenta de todo lo que tienen para dar y también aprender de las jóvenes. Éstas, a su vez, acceden a una red de contactos que de otra forma no tendrían”.
Desde el inicio de Voces Vitales en Argentina, Ashoka ha participado de las caminatas de mentoreo con su staff y emprendedoras sociales de la red, quienes han brindado su tiempo, capacidad y compromiso transmitiendo su experiencia de trabajo en el sector ciudadano.
Cooperar, trabajar en red, crecer juntas: esos son los conceptos clave. “Cuando las personas que realizan pequeños grandes gestos trabajan en conjunto, el resultado es mayor que la simple suma de los resultados individuales”, reflexiona Ileana Frauman, coordinadora de programas de Voces Vitales. Además –asegura–, a la sinergia que se produce cuando se trabaja en equipo, se le suma una especie de efecto contagioso que invita a más y más personas a involucrarse con el cambio.
“Cooperar es superador”, afirma con énfasis María Gabriela, “porque si sé cuál es mi valor agregado, si tomo conciencia de que soy única y de lo que puedo aportar, no necesito competir”. En cuanto a lo que tiene que hacer un agente de cambio, aconseja liderar con inspiración y pasión, tender puentes entre diferentes públicos, sortear las líneas que dividen, avanzar a pesar de la adversidad y, por sobre todo, devolver y replicar.
“El liderazgo no es un destino final en sí mismo, no se trata de ‘ser la número uno’ u ocupar la oficina más grande, sino de tener conciencia de género y propiciar políticas para que la mujer pueda trabajar y desempeñarse”. Ser líder es serlo para el cambio, y en este camino también es muy importante cultivarse a sí misma y lograr un balance personal, laboral y familiar. “Hay que darse espacios propios porque de nada sirve ´llegar´ descuidándose y estando agotada”, sintetiza María Gabriela.

por Lorena López
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