Comercio de tomates y confianza
La comercializadora El Arca reúne a productores y consumidores en un sistema comercial justo y solidario. Con una primera experiencia en Mendoza, planea expandir su modelo de integración económica en otras zonas de Argentina y Latinoamérica.

En 2002 la Argentina vivía una crisis violenta. El país había pateado el tablero del sistema bancario tradicional, y la gran mayoría de los argentinos recibía títulos oficiales de derrota mientras unos pocos vencedores salían con sus medallas doradas por la puerta trasera. En ese clima de tensión social, política y económica, el emprendedor social Pablo Ordóñez imaginó una partida más pareja. Y aunque el caos generaba una ilusión de igualdad entre vencidos, él apuntó su ayuda a los que, tras varias décadas en el último lugar, habían quedado fuera del juego.
La Asociación Emprender Mendoza (ASEM) surgió como una alternativa para los jóvenes y adultos desempleados que habitan en los márgenes de la capital provincial. En palabras de su fundador, el panorama era y es complicado: “La mayoría nunca vio trabajar a sus padres en forma sistemática y muchos son hijos de familias de planes de empleo, entonces no tienen marcas ni registros de lo que implica el beneficio a partir del trabajo. Nosotros promovemos una cultura ligada también a la educación, y en los inicios eso sonaba raro porque la organización no reparte recursos, no te regala nada: se trata de un vínculo a partir de las capacidades, de los saberes y de la decisión que tiene una persona para mejorar su calidad de vida con esfuerzo”.
Para estimular esas capacidades se creó la Escuela de Emprendedores, un espacio que apuesta al desarrollo de iniciativas comerciales autosustentables a partir de un proceso educativo personalizado. La meta última es la puesta en práctica de un proyecto productivo exitoso, pero el verdadero objetivo consiste en regenerar la seguridad de las personas en sí mismas y en su comunidad. “Es lento, progresivo y con muchas dificultades, pero el emprendedor empieza a percibir que es posible”, dice Pablo de este camino que ya recorrieron más de 200 personas y que sigue impulsando a quienes demuestran ganas de revertir el patrón de inserción laboral que predomina en las áreas suburbanas, un cóctel de escasez e inestabilidad.
Con la paciencia de muchos años de trabajo docente, Ordóñez explica: “Antes de hablar de un plan de negocios, la primera fase tiene que ver con la conciencia y la auto valoración, y apunta a que el joven o el adulto crea en sí mismo. En estos sectores el trabajo y la educación suelen no estar ligados a una mejora en la calidad de vida y al comienzo cuesta confiar, porque mucha gente tiene su autoestima muy dañada y piensa ‘¿Por qué esta vez va a funcionar?’ o ‘¿Por qué esta vez yo voy a poder?’. Por eso decimos que este aprendizaje busca resolver no sólo lo ligado a la producción sino principalmente a la persona y su familia”.
En entrevistas de asesoramiento y charlas con empresarios de PyMEs hoy exitosas que debieron superar grandes adversidades, los emprendedores comienzan a verse como tales. El paso siguiente es probar sus ideas en el campo, y aquí entra en juego la organización que, como ejemplo de autogestión, nació en el seno de ASEM y en 2005 se consolidó como independiente.
“El Arca se basa en un concepto de comunidad prosumidora: productora y consumidora a la vez. Normalmente tenemos en la cabeza que el productor trata de ver cuánto más cobra y cuánto menos gasta, y el consumidor cuánto menos paga y cuánta mayor calidad obtiene en el producto. Los vemos como adversarios que luchan con intereses contrapuestos, pero acá los dos ponen sus intereses sobre la mesa y acuerdan cómo va a ser la relación comercial”.
La frase condensa la esencia del emprendimiento que compite en el desafío Soluciones Financieras: Innovaciones al Servicio del Cambio Social, organizado por Changemakers y Citi. Con nombre y apellido, El Arca Productores + Consumidores es una organización sin fines de lucro que vincula en una relación de comercio justo a hombres y mujeres trabajadores con familias, empresas, vecinos e instituciones estatales.
La autonomía conquistada le permite un trabajo articulado con la institución madre sin mezclar los tantos. “El Arca cuenta con la Escuela de Emprendedores como un generador de contacto, acompañamiento y asistencia técnica de los jóvenes y adultos que se forman o se perfeccionan como productores. Si bien surgió de ASEM, hoy en día tiene una comisión directiva formada totalmente por productores y consumidores”, cuenta Pablo.
Ciertos adjetivos confirman la naturaleza de la relación. Al nombrar a los actores que hacen viable y sostenible el crecimiento del proyecto, hay palabras que se repiten intencionalmente. Antes de productores siempre se dirá “pequeños”. Después de consumidores no faltará “concientes y responsables”. E inversores se volvió indivisible de “solidarios”: el término proviene de Inversol, el sistema de financiamiento alternativo que sostiene las iniciativas de El Arca.
Pablo toma la cosecha de tomates como ejemplo de uno de los emprendimientos que más crecieron en el último tiempo. En líneas generales, los pequeños productores compran las semillas y el abono, hacen el plantín, pagan los derechos de riego, cultivan en surcos de tierra, recogen los tomates, los convierten en salsa y los envasan. El capital es provisto por los inversores solidarios, que pueden aportar la cantidad de dinero que deseen y reciben, una vez terminado el ciclo productivo, esa misma suma más un 10% de beneficio en botellas de salsa.
Las diferencias entre estos roles y sus análogos en la economía formal no se señalan sólo en los nombres. Lo económico y lo social se ensamblan, y Pablo cuenta que Inversol “tiene el claro objetivo de generar capital de trabajo para los pequeños productores, pero su mayor desafío es la creación de confianza”. Los hechos evidencian que la meta está más cerca cada día: “Una persona que invierte rara vez confía en que después se le va a devolver el dinero, entones cuando al cabo de unos cuatro meses el mismo productor la llama y le dice que puede pasar a retirar la suma original más el beneficio, se genera un vínculo muy fuerte”, se entusiasma Ordóñez.
En la fase de venta, los consumidores concientes y responsables compran el producto terminado a precios de comercio justo. Y aunque podría sospecharse que el carácter comunitario de El Arca significa una traba para pensar en grande, los productores de tomates lograron convertirse en proveedores de salsa de La Marchigiana, una de las cadenas de restaurantes más importantes de Mendoza. “Por un lado eso significa haber encontrado un mercado, pero tiene todavía un sobre-valor muy grande que es haber generado confianza entre sectores que generalmente no la tenían y demostrar en la práctica que los pequeños productores pueden ofrecer productos de excelente calidad, comprometerse, cumplir con los plazos y generar una relación perdurable en el tiempo”.
El éxito del área gastronómica junto con los rubros textil, agrícola-ganadero, artesanal y de servicios representa victorias personales y colectivas para quienes hacen El Arca. Gracias a su efectividad, el proyecto está empezando a expandirse más allá de las fronteras de Mendoza y, aún, del territorio argentino. “Hemos descubierto que entre ASEM, que juega el papel del actor social, y el Arca, que vendría a ser el actor económico, se genera un círculo virtuoso muy interesante de replicar en otros lugares. Ya hay una sede en La Rioja, y el año que viene esperamos fundar nuevos Arcas en los otros tres oasis suburbanos de Mendoza. Además estamos capacitando a organizaciones de Rosario, La Plata, Córdoba, y países de Latinoamérica para que adopten este modelo”, relata Pablo, que hace tiempo cedió la presidencia de ASEM y hoy está al frente de la sección Vínculos y Desarrollo Estratégico, desde donde planea el futuro a largo plazo del emprendimiento.
Según Pablo, su función es la de conectar a sectores que se empoderan entre sí y hacen posible el desarrollo local sustentable. “Es generar condiciones para un juego, pero dejar que lo jueguen otros”, concluye. Al desafiar las leyes ancestrales del mercado y revertir la lógica de los vínculos comerciales no sólo consiguió una partida más justa; creó un nuevo sistema de reglas que permite apostar a las relaciones humanas. Logró una lógica ganar – ganar, que no deja perdedores.
Recursos
- Ver el sitio del Arca en Banking on Social Change – Seeking Financial Solutions for All collaborative competition.

